A los que ya peinamos canas, no demasiadas, nos resulta fácil recordar cómo la generación que nos precede cantaba en los chigres de los pueblos, jugaba a los bolos y tenía estos lugares como una especie de ágora donde hablar de sus problemas cotidianos. Ojo, de política no
Actualmente perdimos las tres acciones a las que hago referencia. Los chigres no tienen bolera, salvo honrosas excepciones. No son el ágora de los pueblos y, por supuesto, no se canta, o está prohibido cantar, o clientes o propietarios te llaman la atención si lo intentas.
A lo que vamos ¿por qué no se canta? ¿Es posible que no sepamos las canciones, ni su música, ni su letra? ¿Es posible que, al igual que pasaba con los que tomaban sidra, el cantar sea considerado como una cuestión de paisanos?
Otros pueblos geográficamente tan distantes como el canario o el escocés mantienen viva la tradición del canto. Los Púb. de Edimburgo no tienen TV ni música de ambiente. Las antojanas de los pueblos y casas canarios son el centro de formación musical e instrumental de niños, jóvenes y mayores.
¿Qué pasó aquí?
En todo caso creo que se puede ser optimista. La gaita y la percusión pasó por una época tan oscura como la actual del cantar en los chigres y mira lo que está pasando. Varios miles de jóvenes asturianos nos pueden deleitar con unos sones de gaita o panderu.
Comienza a haber algunas asociaciones, como la de Amigos del Roble en Sieru, que son capaces de aunar los intereses de los chigreros y tratar de que la canción regrese al chigre. Enhorabuena.
Y lo que, a mi juicio, es más importante, unos cuantos centenares de neños y neñes se están formando en Les Escueles de Música de muchos Ayuntamientos. Ellos son el futuro. Habrá suerte